Con el fallecimiento del Papa Francisco, se declaró vacante la sede del Vaticano y se activa el tradicional proceso de selección para designar al nuevo Sumo Pontífice. Pese a las reformas impulsadas por Francisco en la Curia Romana durante su pontificado, el reglamento del cónclave, encargado de elegir al nuevo Papa, se mantiene sin modificaciones.
Tal como ocurrió en 2013 con la elección del propio Francisco, serán los cardenales menores de 80 años quienes participen en la votación. Actualmente, de los 252 miembros del Colegio Cardenalicio, 139 tienen derecho a voto. La convocatoria al cónclave corresponde al camarlengo, quien debe reunir a los cardenales electores en un plazo máximo de 15 días desde el fallecimiento del Papa, aunque este período puede extenderse por cinco días más si fuese necesario.
Un proceso milenario
La única condición indispensable para convertirse en Papa es ser varón bautizado en la Iglesia Católica. No se exige que el candidato sea cardenal ni sacerdote, aunque esa posibilidad es extremadamente inusual: la última vez que se eligió a un pontífice fuera del Colegio Cardenalicio fue en 1378, cuando Bartolomeo Prignano, entonces arzobispo de Bari, se convirtió en el Papa Urbano VI.
Los cardenales se reúnen en la Capilla Sixtina, en condiciones estrictamente controladas. Se les retiran celulares, radios y cualquier tipo de comunicación externa. La violación de esta norma puede implicar la excomunión automática. Previo a la primera votación, se celebra la misa Pro Eligendo Pontifice, y al grito de “Extra omnes!”, se cierra la Capilla para dar inicio al cónclave.
Durante el proceso, los cardenales se hospedan en la Casa Santa Marta, un edificio dentro del Vaticano con habitaciones privadas, que fue también la residencia del Papa Francisco durante su pontificado. En el interior de la Capilla Sixtina, se designan nueve cardenales con funciones específicas: tres actúan como fiscales del proceso, tres recogen los votos y los otros tres los revisan.
Las votaciones se realizan hasta cuatro veces por día, y para ser elegido Papa se requiere una mayoría de dos tercios. A medida que avanzan las rondas, se van eliminando candidatos hasta que sólo queden los dos con mayor número de apoyos en la votación anterior.
El humo que anuncia al nuevo líder
Finalizada cada votación, las papeletas se incineran. Si el resultado no ha sido concluyente, el humo que emana de la chimenea de la Capilla Sixtina es de color negro. En cambio, si se ha alcanzado el consenso, una mezcla especial produce el característico humo blanco, señal que anuncia al mundo la elección del nuevo Papa.
Tras aceptar el cargo, el cardenal elegido debe escoger el nombre con el que será conocido como Sumo Pontífice. Minutos después, se presenta oficialmente ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, con el tradicional anuncio en latín: “Habemus Papam”.
El mundo ahora espera, con expectativa y esperanza, conocer al nuevo guía espiritual de más de mil millones de católicos.
