Una grave tragedia conmociona al sur de España tras el descarrilamiento y colisión de dos trenes de alta velocidad en la provincia de Córdoba, siniestro que ha dejado un saldo preliminar de al menos 39 personas fallecidas y decenas de heridos de gravedad. El accidente se produjo cuando una formación de la operadora Iryo, que cubría la ruta Málaga-Madrid con más de 300 pasajeros a bordo, descarriló e invadió la vía contigua a la altura de Adamuz. En ese momento, fue impactada por un tren Alvia de la empresa estatal Renfe que realizaba el trayecto Madrid-Huelva, provocando que este segundo convoy también descarrilara.
Las labores de rescate en el lugar del accidente han sido calificadas como extremadamente complejas debido al estado de los vagones. Francisco Carmona, jefe de bomberos de Córdoba, describió la escena como un amasijo de hierros y asientos retorcidos donde varios pasajeros quedaron atrapados, obligando a los equipos de emergencia a trabajar intensamente para acceder a los sobrevivientes entre los restos de las unidades. Testigos que viajaban en la formación de Iryo relataron haber sentido una vibración similar a un terremoto antes de que los últimos vagones volcaran, lo que llevó a los pasajeros a utilizar martillos de emergencia para romper ventanillas y evacuar por sus propios medios mientras llegaba el auxilio.
La magnitud del siniestro ha generado una respuesta inmediata de las autoridades. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente regional de Andalucía, Juan Manuel Moreno, manifestaron su preocupación y confirmaron el despliegue total de servicios de emergencia, ambulancias y apoyo logístico en la zona. Por su parte, el administrador de infraestructuras ferroviarias Adif informó la interrupción total del servicio de alta velocidad entre Madrid y Andalucía. Mientras los heridos son trasladados a centros hospitalarios, en la estación de Atocha en Madrid se han dispuesto equipos de apoyo psicológico para asistir a los familiares de las víctimas.
