La controversia en torno a Diego Guacci, exentrenador de fútbol femenino en clubes como River Plate y UAI Urquiza y de categorías juveniles de la Selección Argentina, vuele a debatirse tras el fallo de la FIFA de dar por cerrada la investigación y porque, a raíz de eso, cuatro futbolistas que integraron el combinado nacional decidieron romper el silencio este martes para exponer los presuntos abusos que denunciaron ante la FIFA en 2021. El máximo organismo del fútbol mundial desestimó el expediente al concluir que las pruebas presentadas eran insuficientes.
La inacción de la entidad fue, precisamente, el detonante de esta exposición pública. Las jugadoras lamentaron que la FIFA cerrara la investigación tras escuchar únicamente la versión de Guacci, concluyendo que las pruebas eran “insuficientes”. Sin embargo, los relatos detallan una realidad asfixiante vivida en los clubes River Plate y UAI Urquiza, así como en las categorías juveniles de la Selección. Una de las denunciantes, cuya identidad se mantiene bajo reserva, reveló episodios de extrema gravedad, como una ocasión en la que el entrenador se mostró en ropa interior y con una erección durante una videollamada, exigiéndole material íntimo bajo la frase: “Vos me ponés así”.
Luana Muñoz, actual referente de Belgrano de Córdoba, aportó un testimonio fundamental para comprender la estructura de silencio que rodea a estas situaciones. “Cuando llegué a River y justo él se incorporaba como entrenador me llamó la atención que más de la mitad del plantel decidiera irse a otro club, pero con el tiempo entendí lo que pasaba con esta persona”, explicó la jugadora en diálogo con La Nación. En otra entrevista, Muñoz subrayó que, tras la denuncia formal, muchas compañeras se acercaron para relatar abusos similares, pero no se atrevieron a denunciar por un miedo que resultó estar justificado: tras alzar la voz, las jugadoras comenzaron a recibir amenazas y un hostigamiento constante en redes sociales. Con crudeza, la futbolista reflexionó sobre la desprotección actual, señalando que “hoy en día denunciar para una mujer no es nada fácil, incluso cuando vos denuncias al hombre que sea y al cargo que tenga lo ves todavía ahí o incluso peor”.
La violencia también se manifestaba a través de un lenguaje denigratorio y cargado de prejuicios sobre la orientación sexual de las deportistas. Gabriela Garton recordó con precisión el nivel de violencia verbal que manejaba el DT, citando frases en las que Guacci cuestionaba su rendimiento con una agresividad extrema: “¿Qué tengo que hacer para que jueguen bien? ¿Meterlas en la ducha y cogerlas por el orto?”. Garton también rememoró ataques directos a su integridad personal, como cuando el entrenador le espetó: “Sos como todas las demás, capaz de bajarte los pantalones y hacerte violar para estar en la selección”.
Mientras Aldana Cometti, quien todavía forma parte del seleccionado nacional, manifestó su impotencia ante la impunidad de la que goza el entrenador, el conflicto ha trascendido la esfera deportiva para convertirse en una batalla legal. Aunque las futbolistas aún no han acudido a la justicia ordinaria argentina, el caso ya ha generado una serie de demandas cruzadas por daños, perjuicios y calumnias. El testimonio de Muñoz y sus compañeras pone de relieve una crisis profunda en las instituciones deportivas que, ante denuncias de esta magnitud, optaron por cerrar filas en lugar de garantizar un entorno seguro para las jugadoras.
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En la vereda opuesta, desde la denuncia, la familia del entrenador, representada por Andrea Guacci, sostiene que se trata de un caso de claro ejemplo del poder destructivo que tienen las acusaciones sin sustento y de cómo la condena social y mediática suele adelantarse a los hechos, provocando la pérdida de reputación, profesión y salud mental antes de que se demuestre la inocencia.
La esposa del director técnico afirmó en una entrevista con El Tribunero, hace unas semanas atrás, que en el proceso “instalaron que había fotos, mensajes, capturas de pantalla, pero en el juicio se descubrió que no había nada, sólo las declaraciones de las denunciantes”. Esta experiencia la impulsó a investigar más a fondo la problemática, descubriendo que no se trataba de un hecho aislado y que este tipo de situaciones también se replican en el ámbito del fútbol femenino.
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Mientras tanto, el caso sigue generando repercusiones fuera de los tribunales deportivos: aunque las futbolistas no han acudido a la justicia ordinaria argentina, la situación derivó en una serie de demandas cruzadas entre las partes por los delitos de daños, perjuicios, calumnias e injurias, manteniendo el debate abierto sobre los protocolos de protección y la rigurosidad en los procesos de investigación dentro del deporte.
