Cada 28 de mayo, la Argentina conmemora el Día de los Jardines de Infantes y de los Docentes de Nivel Inicial. Esta fecha no es azarosa: rinde homenaje a la memoria, obra y fallecimiento de la educadora y pedagoga Rosario Vera Peñaloza, una figura indispensable cuya labor resultó fundamental para la consolidación institucional y la formación docente de la primera infancia en nuestro país.
Nacida en la localidad de Atiles, La Rioja, el 25 de diciembre de 1873, Vera Peñaloza se formó bajo el ala del paradigma normalista argentino de fines del siglo XIX. A lo largo de su trayectoria, se constituyó en la principal continuadora de los esfuerzos pioneros de figuras como Mary Mann y Sara Eccleston de Chamberlain para incorporar formalmente el jardín de infantes dentro de la estructura de la instrucción pública nacional. Conocida justamente como la “Maestra de la Patria”, Rosario dedicó por completo su vida a la enseñanza; a ella se le atribuye la fundación del primer jardín de infantes de su pueblo natal, además de una prolífica tarea en la capacitación de maestras y la elaboración de planes y programas de estudio específicos para el nivel.
Las raíces del nivel inicial: la influencia estadounidense y el plan de Sarmiento
La institucionalización de los jardines de infantes en suelo argentino reconoce antecedentes clave a mediados y fines del siglo XIX. La llegada al país de la educadora estadounidense Sara Eccleston (1840-1916) se enmarcó dentro de la ambiciosa política educativa implementada por Domingo Faustino Sarmiento. Durante su presidencia y los años subsiguientes, el Estado nacional contrató a 61 maestras formadas en las prestigiosas Escuelas Normales de los Estados Unidos, quienes arribaron a la Argentina entre 1869 y 1898 para profesionalizar la labor docente.
En el tejido de estas relaciones internacionales y pedagógicas, la figura de la escritora y maestra norteamericana Mary Tyler Peabody Mann (1806-1887) resultó crucial. Junto a su esposo, el reconocido educador Horace Mann, entabló un fuerte vínculo con Sarmiento durante el viaje de este último a los Estados Unidos en 1847. Mary Mann no solo produjo literatura pedagógica y traducciones, sino que asumió la tarea estratégica de reclutar y seleccionar a las maestras que viajarían a la Argentina en el marco del plan de modernización del sistema educativo.
Este andamiaje histórico, que unió la visión de Sarmiento, la gestión de Mary Mann y el compromiso de Sara Eccleston, encontró en Rosario Vera Peñaloza a la continuadora ideal. Su capacidad para adaptar estas metodologías internacionales al contexto local dotó al nivel inicial argentino de una identidad propia, noble y perdurable que hoy celebran miles de docentes en todo el país.
