La red ferroviaria de Cataluña se vio sacudida este martes por una jornada trágica que dejó como saldo un muerto y al menos 37 heridos, cuatro de ellos en estado grave. El siniestro principal ocurrió en la provincia de Barcelona, específicamente en la línea R4 de Rodalies, entre las localidades de Gelida y Sant Sadurní d’Anoia. En ese sector, un muro de contención cedió debido a las intensas lluvias y un movimiento de tierras, desplomándose sobre las vías justo al paso de una formación de pasajeros. El fuerte impacto provocó el fallecimiento del maquinista y obligó a un despliegue masivo de quince dotaciones de emergencia para rescatar a las personas atrapadas y asistir a los afectados.
En paralelo a este grave episodio, la provincia de Girona registró un segundo incidente ferroviario provocado por el temporal. Un convoy de la línea R1 sufrió el descarrilamiento de uno de sus ejes tras impactar contra rocas que cayeron sobre la vía entre las estaciones de Blanes y Maçanet. A diferencia del choque en Barcelona, en esta formación solo viajaban diez pasajeros y no se reportaron heridos, aunque el servicio debió ser suspendido preventivamente para realizar tareas de limpieza y revisión de la infraestructura.
Estos nuevos accidentes ocurren en un clima de extrema conmoción en España, que todavía procesa la mayor tragedia ferroviaria de su historia reciente. Apenas el domingo pasado, una colisión entre dos trenes de alta velocidad en la localidad de Adamuz, Andalucía, dejó un saldo de 42 víctimas fatales. Mientras los reyes Felipe VI y Letizia visitaban este martes a los damnificados en el sur del país, las autoridades ferroviarias enfrentan ahora el desafío de garantizar la seguridad en una red afectada tanto por fallas logísticas como por las severas condiciones climáticas que golpean a la región.
