Singapur se consolidó nuevamente en la cima del ranking educativo global al obtener el primer puesto en las recientes pruebas PISA 2025, superando a otras potencias asiáticas como China, Taiwán y Japón. Este logro es el resultado de décadas de un sistema de enseñanza altamente competitivo, exigente y bilingüe, fundamentado en el concepto cultural del “kiasu” o el miedo a quedarse atrás. Las políticas estatales implementadas desde su independencia en 1965 han transformado a la ciudad-Estado en un referente ineludible de excelencia académica, apoyado en jornadas formativas extensas y una fuerte focalización en el desarrollo de las ciencias y la tecnología.
Sin embargo, el indiscutido éxito del modelo oriental quedó envuelto en una profunda controversia tras la reciente aprobación de una normativa gubernamental que avala los castigos físicos en las aulas a partir del año 2027. La nueva medida autoriza a los docentes a aplicar azotes a los alumnos a partir de los 9 años de edad de manera excepcional y como último recurso disciplinario ante faltas graves, especialmente para combatir el acoso escolar. La decisión ha generado fuerte repercusión a nivel internacional, contrastando de manera directa con las advertencias formales de la Organización Mundial de la Salud sobre las graves consecuencias a largo plazo que el castigo corporal ocasiona en el desarrollo social, educativo y en la salud mental de los menores.
