Un reciente estudio internacional reveló que el ser humano posee una tendencia natural e intrínseca a desplazarse y girar en sentido antihorario cuando camina sin un rumbo fijo. Este sorpresivo descubrimiento, coliderado por científicos de España y Japón, podría transformar la planificación urbana y el diseño de rutas de evacuación en espacios de alta concurrencia como estadios, aeropuertos y centros comerciales.
La investigación, publicada en la prestigiosa revista Nature Communications, fue desarrollada por expertos de la Universidad de Navarra en colaboración con la Universidad de Tokio. El proyecto nació a raíz de análisis previos sobre distanciamiento social realizados en territorio español durante la pandemia de Covid-19.
El experimento detrás del fenómeno
Para aislar el comportamiento de cualquier tipo de influencia externa o norma social, los investigadores diseñaron un experimento en el que participaron 209 personas de diversas edades. Los voluntarios debían caminar en solitario y con total libertad dentro de un recinto hexagonal delimitado por mesas y sillas.
“Las personas, al moverse y girar, mostraban una clara preferencia por hacerlo en sentido contrario a las agujas del reloj”, detalló Claudio Feliciani, investigador de la Universidad de Tokio. “Este resultado fue completamente inesperado, ya que solemos imaginar que la gente gira según sus propias necesidades individuales cuando camina sin rumbo”.
El estudio demostró que este “sesgo locomotor” no depende del género de los individuos, ni tampoco de si son diestros o zurdos. No obstante, el patrón se intensificó notablemente en los niños, quienes mostraron una propensión aún mayor a moverse en dirección antihoraria. Este comportamiento colectivo ya se había detectado de manera informal en otros escenarios masivos, como los círculos de pogo en los conciertos de música heavy metal.
Un misterio biológico con impacto real
A pesar de los exhaustivos ensayos en espacios abiertos y cerrados, las causas exactas de este fenómeno siguen siendo una incógnita para la ciencia. “Queríamos averiguar si el fenómeno dependía de normas culturales, de la interacción con el entorno o de las estrategias de evasión entre peatones. Los resultados indican que ninguno de estos factores, por sí solo, explica completamente lo que observamos”, señaló Iker Zuriguel, integrante del equipo de investigación.
Más allá de las razones biológicas o evolutivas que queden por descifrar, el hallazgo derriba la idea de que los flujos de multitudes dependen exclusivamente de las interacciones sociales. Su aplicación práctica inmediata permitirá a arquitectos y especialistas en seguridad diseñar flujos de movilidad urbana y salidas de emergencia mucho más eficientes, respetando la naturaleza predictiva del movimiento humano.
