El pasado martes, a los 74 años, dejó de existir Julio César Aguirre, quien durante casi tres décadas fue el referente máximo de la comunidad católica en Jesús María. Su partida extingue una vida entregada al catolicismo, pero inevitablemente reactiva la memoria colectiva sobre uno de los episodios más complejos y dolorosos de la historia eclesiástica regional.
Aguirre lideró la parroquia Jesús y María durante 29 años, un tiempo en el que consolidó un fuerte arraigo pastoral. Sin embargo, ese largo recorrido se interrumpió de manera drástica en 2019, cuando una mujer presentó una denuncia en su contra por abuso sexual, señalando que los hechos habían ocurrido años atrás, cuando ella era menor de edad. La acusación sacudió los cimientos de la comunidad y obligó a la Arquidiócesis de Córdoba a activar de inmediato un proceso canónico.
La investigación interna de la Iglesia avanzó hasta determinar de forma concluyente la existencia de “certeza moral suficiente” sobre la responsabilidad del sacerdote. La resolución final llegó en julio de 2021, momento en que el Vaticano rechazó la apelación de Aguirre y decretó su dimisión definitiva del estado clerical. Esta medida, que representa la sanción institucional más severa de la Iglesia Católica, lo apartó para siempre del ejercicio público del ministerio.
En paralelo al fuero eclesiástico, el caso también se instaló en el ámbito de la justicia civil a través de una investigación en la Fiscalía de Instrucción de Jesús María, a cargo del Dr Guillermo Monti, orientada a determinar las eventuales responsabilidades penales del acusado. En el 2024, se archivó la causa.
El proceso penal convivió además con el malestar social que generaron las primeras respuestas institucionales, especialmente cuando la Arquidiócesis decidió trasladar silenciosamente a Aguirre a una parroquia de barrio Alberdi, en la capital provincial, apenas estalló el escándalo y sin ofrecer mayores explicaciones.
Julio, atravesaba un estado de salud delicado desde hace un tiempo producto de una enfermedad degenerativa, estuvo unos años en una institución y al cuidado de su familia. Sus restos fueron cremados.
En su última entrevista a los medios, dijo: “Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer la intensidad del afecto, signos, aliento que he recibido, y quiero pedir perdón por aquellas cosas que no hice bien, con esa humanidad que uno hace el mal que no quiere y evita el bien que quiere. Quiero que recen por mí”.
