En abril de 2025, el Centro Educativo Carlos José Frías, ubicado en el paraje rural San Lorenzo, cumplió su primer siglo de vida al servicio de la educación. La institución, con una rica historia que refleja el esfuerzo de generaciones, conmemoró su 100º aniversario el pasado 3 de abril. El acto protocolar oficial se llevará a cabo el próximo 6 de junio.
Actualmente, la escuela cuenta con una matrícula de cinco alumnos, que asisten desde sala de 4 años hasta 6º grado. La institución está a cargo de la directora y docente Ivana Nievas, quien, con dedicación y compromiso, ha reconstruido parte de la historia del establecimiento a partir de antiguos archivos escolares aún no digitalizados.
La escuela fue inaugurada el 3 de abril de 1925, durante la gestión del Dr. Pedro Frías. En sus comienzos, funcionaba bajo el nombre de Ricardo Rojas, para luego adoptar, en 1973, su denominación actual: Carlos José Frías, en homenaje a una figura destacada de la historia de Córdoba y antiguo propietario de vastas tierras en la región.
En sus primeros años, la institución comenzó a funcionar en la localidad de Belén, en una estancia homónima. En 1926, fue trasladada a San Lorenzo, primero a la casa de la familia Aguirre, luego en 1930 a la vivienda de la familia Rodríguez, hasta que, hacia 1935, se estableció definitivamente en el edificio actual.
El terreno donde se encuentra la escuela fue donado por el vecino Eleodoro Cabrera, quien, según consta en los registros históricos, “sacrificó el porvenir de sus hijos” con tal de que se construyera una institución educativa “del pueblo y para el pueblo”.
Aunque se conservan pocos datos oficiales sobre las primeras décadas de la escuela, se sabe que en sus inicios contaba con una matrícula de alrededor de 60 alumnos. Con el paso de los años, y debido principalmente a la migración de familias hacia zonas urbanas por motivos laborales, esa cifra fue disminuyendo hasta alcanzar la matrícula actual.
A lo largo de estos cien años, numerosos docentes y maestras han pasado por sus aulas, dejando una huella imborrable en la comunidad y fortaleciendo el lazo entre la escuela y su entorno. La labor educativa ha sido fundamental para formar generaciones de niños y niñas con valores, conocimientos y herramientas para la vida.
