La economía argentina transita un escenario complejo donde la desaceleración de los precios empieza a dar cierto respiro en los porcentajes mensuales, pero el impacto real en el bolsillo cotidiano sigue imponiendo pisos muy altos. Hoy en día, la respuesta a cuánto dinero se necesita para subsistir o mantener un estilo de vida de clase media varía según el techo bajo el que se viva y la cantidad de integrantes del hogar, configurando una brecha cada vez más marcada entre el interior del país y los grandes centros urbanos. De acuerdo con las mediciones oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y los organismos de estadística de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA), los números trazan realidades muy claras sobre el costo de vida actual en el país.
Para una familia tipo constituida por dos adultos de 31 y 35 años y dos hijos en edad escolar de 6 y 8 años, el INDEC determinó que el costo de la Canasta Básica Total se ubicó en 1.469.768 pesos. Esta cifra representa el ingreso mínimo e indispensable que requiere ese hogar para cubrir el cien por ciento de sus necesidades de alimentación, vestimenta, transporte, salud y educación, por lo que un peso por debajo de ese monto posiciona técnicamente a la familia bajo la línea de pobreza. En tanto, para esquivar la línea de la indigencia y cubrir únicamente los alimentos esenciales para subsistir mediante la Canasta Básica Alimentaria, ese mismo grupo requirió 665.053 pesos mensuales. Es vital tener en cuenta que la medición del INDEC toma un promedio nacional y no contempla el costo del alquiler de vivienda, por lo que las millones de familias que no tienen casa propia deben sumarle a este piso el valor locativo del mercado inmobiliario actual.
Por otra parte, vivir en las grandes metrópolis encarece notablemente los requerimientos de ingresos. Según los últimos datos de la Dirección de Estadística y Censos porteña, el costo de vida se dispara cuando se analiza el acceso al sector medio en la Ciudad de Buenos Aires, donde un hogar de cuatro personas debió superar la barrera de los 2.450.044 pesos para ser considerado de clase media con acceso pleno a bienes, servicios, salud prepaga, educación y esparcimiento. Los ingresos menores a 844.146 pesos se posicionan en la indigencia, mientras que la franja entre ese monto y los 1.549.225 pesos marca la pobreza no indigente. Aquellos que perciben hasta 1.960.035 pesos son considerados no pobres vulnerables, y quienes promedian hasta los 2,4 millones de pesos integran un sector medio frágil que debe restringir consumos recreativos para llegar a fin de mes.
Más allá de los gastos generales, el INDEC comenzó a ponderar la Canasta de Crianza, un indicador que refleja la presión sobre la economía familiar al medir lo que cuesta sostener a niños y adolescentes, desglosado tanto en bienes materiales como en el valor económico del tiempo destinado a su cuidado. El costo varía fuertemente según las distintas etapas de crecimiento, requiriendo 515.236 pesos mensuales para menores de 1 año, 616.046 pesos para niños de 1 a 3 años, 538.587 pesos de 4 a 5 años, y 676.431 pesos en la franja de 6 a 12 años, donde la balanza se inclina hacia la indumentaria, los útiles, el transporte y las actividades escolares.
Entre los rubros que más pesan en el presupuesto y que en muchos casos representan más del 80 por ciento de los ingresos se encuentran los alimentos, el alquiler, los servicios públicos, el transporte, la educación, la salud, internet y la indumentaria. En este contexto, diversos estudios muestran que la clase media enfrenta el desafío de sostener su nivel de consumo, viendo cada vez más limitado su acceso al ahorro, las vacaciones, la renovación de bienes durables o los gastos recreativos. La evolución de los salarios, jubilaciones y prestaciones sociales continúa siendo determinante para la capacidad de compra de los hogares con ingresos fijos, obligando a millones de argentinos a elaborar presupuestos estrictos y comparar precios de manera habitual para sostener el día a día.
