Hoy, Villa del Totoral celebra su 164° aniversario, buen momento para invitarnos a reflexionar sobre su rica historia y su vibrante cultura. Este rincón de Córdoba, que alguna vez fue hogar de los primeros habitantes, la nación Comechingones, evolucionó a lo largo de los siglos, preservando la esencia de sus raíces y adaptándose a los nuevos tiempos.
Los Comechingones, una civilización ingeniosa que dormía en cavernas subterráneas y se dedicaba a la agricultura y la ganadería, se asentaron en la zona del “Cajón de Piedra” y el “Cerro de la Cruz”. Allí, aún se pueden observar los morteros excavados en la piedra, un testimonio silencioso de su vida cotidiana.
La llegada de los colonizadores a través del Camino Real, trazado originalmente por los indígenas, marcó un nuevo capítulo en la historia de esta región. Los nativos llamaron a esta zona Linsacat, combinando “LIN” (equivalente a bañado o pantanillo) y “SACAT” (pueblo o aldea). A lo largo de este camino, numerosas postas y estancias ofrecían descanso a los viajeros. Uno de esos lugares, Cavisacat, “lugar del golpe o de la caída”, recibió su nombre después de que el expedicionario Antón Berrú sufriera una caída de su caballo.
En 1576, Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de la Ciudad de Córdoba, repartió las tierras del Valle de Cavisacate. En 1590, cedió estas tierras al Capitán López Correa para crear una posta en el Camino Real. Un año después, Pedro Luis de Cabrera compró estas tierras y estableció la estancia y obraje de San Esteban del Totoral, nombrada así por la abundancia de plantas de totora en la región. Sus tres hijos heredaron las tierras, dividiéndolas en tres sectores: San Esteban del Totoral o Totoral Grande al noroeste del pueblo, San Antonio de la Buena Vista o Totoral Chico al noreste, y la Curtiduría, donde se encontraba el obraje de San Esteban.
En 1860, bajo el gobierno provisorio del Dr. Félix de la Peña, se promulgó una ley provincial expropiando terrenos contiguos a San Esteban del Totoral para fundar una villa. Así, en 1862, nació la Villa General Mitre, en homenaje al General Mitre, vencedor en la batalla de Pavón y candidato a la presidencia de la nación. Posteriormente, el nombre se cambió a Villa del Totoral, como se conoce en la actualidad. La fecha de fundación de la villa es el 6 de agosto de 1860, cuando se promulgó la ley provincial para su trazado. El 5 de febrero de 1871 comenzó a funcionar la Corporación Municipal del departamento Totoral.
Villa del Totoral, con su trazado de damero típico de las ciudades coloniales americanas, ha conservado la esencia de sus orígenes. Su plaza central, rodeada por las sedes institucionales más importantes, es el corazón de la comunidad.
El entorno serrano, los viejos árboles, el río, las calles de tierra y las casonas antiguas con sus patios amplios crean un ambiente especial que ha inspirado a muchos artistas. Villa del Totoral ha sido cuna de escritores, poetas y pintores, y ha sido lugar de residencia e inspiración para artistas de renombre mundial como Pablo Neruda y Rafael Alberti.
Rodolfo Aráoz Alfaro, abogado y secretario general del Partido Comunista para América Latina, era propietario de una estancia en Totoral. Su amistad con artistas perseguidos políticos hizo que personalidades como el poeta andaluz Rafael Alberti encontraran refugio en esta localidad entre 1939 y 1942. Alberti, perseguido por el franquismo, escribió parte de su obra en la estancia junto a su esposa María Teresa León. Un vecino, emocionado por la presencia del poeta, le preguntó si le gustaría que levantasen un monumento en su memoria. Alberti respondió: “Si quieren recordarme, bueno sería que planten un árbol en mi memoria”. Ese árbol, que recuerda a Rafael Alberti, está plantado en la Plaza San Martín de Totoral.
El chileno Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura, también residió en Villa del Totoral. Observando la labor de Victorio Zedda, un vecino que era obrero de la construcción, Neruda escribió “Oda del albañil tranquilo”.
Hoy, Villa del Totoral no solo celebra sus 164 años de fundación, sino también su legado de historia, cultura y naturaleza, con su río cristalino que corre a lo largo del pueblo, ahora, ciudad. La costanera de Villa del Totoral, que en verano rebosa de vegetación verde, regala hermosas vistas para disfrutar en familia, y con amigos. El río, que conserva su estado natural, transforma a este sendero en un destino ideal para disfrutar del calor.
Cada rincón de esta villa cuenta una historia, desde los vestigios de los Comechingones hasta las palabras inmortales de poetas y escritores que encontraron inspiración en su serenidad. ¡Felices 164 años, Villa del Totoral!
Las celebraciones por el aniversario se llevan a cabo desde la mañana, con el acto protocolar y el desfile de instituciones educativas, civiles, fuerzas vivas y deportivas.
Por la tarde, el Cerro de la cruz se vestirá de fiesta para recibir a los artistas locales y de renombre para vivir la gran fiesta de aniversario.
