El mundo de la música popular lamenta la partida de Pastor Luna, el querido músico y exponente del género litoraleño. A sus 72 años, el artista falleció este domingo tras sufrir una descompensación en un día que prometía mucho: se preparaba para viajar a la capital santiagueña con la ilusión de regresar a los escenarios.
Pastor Luna se había estado recuperando de un ACV que lo afectó hace un par de años, y en los últimos meses había mostrado una vitalidad renovada. Participó en homenajes, recibió reconocimientos y entusiasmó a su público con el anuncio de nuevas presentaciones. De hecho, tenía programada una actuación para el próximo fin de semana en la Fiesta Nacional del Meteorito, en Gancedo, Chaco.
Nacido en Añatuya, la música de Pastor Luna se forjó desde pequeño, rodeado de sus tíos maternos, que animaban las fiestas del pueblo. Hijo de Antonio Luna y Victoria Garnica, su carrera profesional despegó en 1985 con la grabación de su primer disco para el sello Magenta. Desde entonces, editó más de treinta discos y recibió numerosos reconocimientos, entre ellos seis discos de oro y dos de platino. Su acordeón y su estilo inconfundible se convirtieron en un sello personal, que hizo vibrar y emocionar a miles de seguidores.
Pastor Luna fue más que un músico; fue un verdadero embajador de las costumbres y tradiciones del interior santiagueño. Con sencillez y pasión, mantuvo vivo el espíritu de los fogones que lo vieron crecer, a través de sus chacareras, chamamés y el afecto de su gente.
