Se conocieron los videos con los que la justicia de Córdoba dio un giro determinante en el caso de la presunta violación grupal en Bialet Massé y que funcionaron como piezas clave para desestimar la acusación inicial.
Estas grabaciones, que contradicen de manera directa el relato de la denunciante, permitieron que los jóvenes involucrados recuperaran su libertad y fueran declarados inocentes.
El material audiovisual consta de dos secuencias fundamentales que desmontaron la versión de que todo fue involuntario y en el marco de la agresión.
En el primero de los registros se observa a la joven viajando de manera voluntaria en la caja de una camioneta junto al grupo de amigos; en ese contexto, se escuchan diálogos cargados de contenido sexual y la frase “siete contra dos”, expresiones que, si bien fueron parte del intercambio, se dieron en un clima de aparente consenso y camaradería que dista de la coacción denunciada. Sin embargo, el video más contundente es el segundo, donde se ve al grupo ingresando a la vivienda de forma habitual y a pie, caminando junto a la denunciante sin signos de violencia ni resistencia, lo que invalidó por completo la declaración judicial de la joven, quien había sostenido que fue trasladada al lugar por la fuerza, encontrándose en estado vulnerable por consumo de drogas y alcohol.
Tras la confirmación de su inocencia, el proceso dejó de ser una cuestión meramente legal para convertirse en una causa personal, especialmente para Martiniano Berrechea. El joven, tras estar detenido más de un año y someterse el escarnio público, decidió encabezar una lucha activa contra las denuncias falsas, presentándose públicamente como víctima de un sistema que, según su postura, puede ser utilizado para difamar y encarcelar a inocentes. Con el respaldo de la evidencia que lo exculpó, Berrechea busca ahora visibilizar el daño irreparable que estos actos generan en la vida de los acusados, embanderándose en una campaña para que se tomen medidas más estrictas contra el perjurio en casos de esta índole.
