La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza anunció que el pingüino emperador y el lobo marino antártico han sido categorizados formalmente como especies en peligro de extinción. Este cambio en la Lista Roja refleja un deterioro en su estado de conservación, ya que el pingüino emperador se encontraba previamente en la categoría de casi amenazado y el lobo marino en la de preocupación menor.
El informe técnico vincula este declive directamente con los efectos del cambio climático en la Antártida. En el caso de los pingüinos, la pérdida del hielo marino adherido a las costas afecta su hábitat reproductivo y los periodos de muda de plumaje. Las proyecciones indican que, de mantenerse esta tendencia en el ecosistema, la población de esta especie podría reducirse a la mitad para la década de 2080, registrándose ya una pérdida de 20.000 ejemplares adultos en los últimos años según datos satelitales.
Por su parte, la población del lobo marino antártico se redujo más del 50 % desde finales de la década de 1990. El aumento de la temperatura de los océanos provoca que el kril, su principal fuente de alimento, se desplace hacia aguas más profundas y frías, limitando su disponibilidad. Ante este escenario, la organización internacional con sede en Suiza instó a tomar medidas globales para mitigar el impacto ambiental y proteger la biodiversidad en las regiones polares.
