En un desenlace vertiginoso que sacude a toda la región, el presidente de Paraguay, Santiago Peña, presentó formalmente su renuncia al cargo acorralado por el estallido de la crisis bancaria desatada por la quiebra e intervención de Ueno Bank. El mandatario formalizó su dimisión luego de perder de manera definitiva el respaldo del Congreso y ante la inminencia de un juicio político impulsado por la oposición y respaldado públicamente por el titular del Senado, Basilio Núñez, quien había catalogado la situación como un despojo inadmisible a los ahorristas, jubilados y fondos públicos.
La salida anticipada de Peña pone fin a semanas de creciente tensión social y económica, marcadas por la incertidumbre de miles de ciudadanos que reclaman la restitución de sus depósitos tras la caída de una de las entidades financieras más influyentes del país. Con la acefalía consumada, el Congreso de la Nación activó de urgencia los mecanismos constitucionales de sucesión para reordenar la institucionalidad republicana, contener la corrida financiera y designar a la nueva conducción que deberá pilotear la profunda emergencia económica paraguaya.
