El reconocido pintor argentino Carlos Alonso, figura ineludible y fundamental del arte nacional durante el siglo XX, falleció este lunes a los 97 años en su residencia de la localidad cordobesa de Unquillo. El artista plástico, que había adoptado el paisaje serrano de Córdoba como su hogar y fuente de inspiración durante sus últimas décadas, dejó un vasto legado cultural marcado por el expresionismo y una profunda mirada crítica sobre la realidad social e histórica del país.
Nacido en la ciudad mendocina de Tunuyán en 1929, Alonso construyó una carrera que atravesó más de setenta años de producción, plasmando con crudeza las heridas de la Argentina. A través de sus pinturas, dibujos y grabados, abordó temáticas vinculadas a la pobreza, las desigualdades, la violencia y los abusos de poder. Su vida personal y su obra sufrieron un quiebre dramático durante la última dictadura militar, etapa que lo forzó al exilio en Italia y España, y en la que padeció la trágica desaparición de su hija Paloma, un dolor que signó para siempre su producción estética con obras emblemáticas frente al terrorismo de Estado.
Formado junto a maestros de la talla de Lino Enea Spilimbergo y nutrido por la influencia directa de los clásicos europeos, su destreza técnica lo llevó a ilustrar obras cumbres de la literatura universal como el Quijote de la Mancha y La Divina Comedia. Tras su regreso definitivo al país en 1980, eligió afincarse en Unquillo, donde se integró plenamente al acervo cultural de la provincia, impulsando la creación del Museo de Arte Contemporáneo local y dedicando sus últimos años a retratar el paisaje cordobés, faceta que protagonizó su última muestra en el año 2025.
Galardonado con múltiples distinciones a lo largo de su vida, incluyendo dos premios Konex de Platino, sus creaciones hoy integran las colecciones permanentes de las instituciones más prestigiosas del país, como el Museo Nacional de Bellas Artes. Con su partida física, la cultura nacional despide a uno de sus mayores exponentes contemporáneos, un creador que supo conjugar de manera magistral la tradición pictórica universal con el compromiso inquebrantable de sostener la memoria viva a través del arte.
