El mundo de la cultura y el espectáculo argentino despidió este martes con profundo pesar a Antonio Grimau, uno de los intérpretes más versátiles y queridos de la escena nacional, cuya partida a los 82 años fue confirmada por la Asociación Argentina de Actores y Actrices. Nacido en Lanús, inició su vocación artística a los 16 años en el teatro Charles Chaplin de Almagro, dando comienzo a una prolífica trayectoria de más de seis décadas que atravesó con enorme éxito el teatro, el cine y la televisión. Sobre las tablas protagonizó piezas memorables que marcaron época, entre ellas Los invertidos bajo la dirección de Alberto Ure en el Teatro San Martín, El acompañamiento, El precio, Danza macabra, Filomena Marturano, Hamlet, Yepeto, Piel de Judas y La gata sobre el tejado de zinc caliente, transitando del drama al clásico con notable maestría.
En la pantalla chica consolidó una relación entrañable con el público al debutar en hitos de la ficción popular como Rolando Rivas, taxista y Cuatro hombres para Eva, desprendiéndose con los años de la etiqueta de galán de telenovelas para adentrarse en personajes de gran peso y carácter en títulos como Poliladron, Ricos y famosos, Soy gitano, Padre Coraje, Mujeres asesinas, Vidas robadas y Valientes. Su consagración definitiva ante la crítica contemporánea llegó de la mano de la miniserie biográfica Sandro de América en 2018, dirigida por Adrián Caetano, donde su conmovedora y precisa interpretación de Roberto Sánchez en su etapa madura le valió el Premio Martín Fierro como mejor actor protagónico. Con su fallecimiento, el patrimonio cultural argentino despide a un referente cabal del oficio dramático y a un artista que dejó una huella indeleble en el imaginario popular.
