A 20 AÑOS DE LA MUERTE DE RENÉ FAVALORO: ANÉCDOTAS Y RECUERDOS...

A 20 AÑOS DE LA MUERTE DE RENÉ FAVALORO: ANÉCDOTAS Y RECUERDOS DE UN GRANDE

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“Tenés 48 horas para sacar todas tus mierdas de aquí”. Se sonríe el doctor Fernando Boullon, cirujano cardiovascular, al recordar la respuesta de René Favaloro ​cuando le dijo que dejaba de ser parte de su equipo. “Yo estuve 16 años, 4 meses y 23 días, entre 1972 y 1988, una época en la que aprendí todo con el mejor de todos, con un superdotado… pero quería irme, volar más alto, pero él no quería que me fuera. A su manera, me estaba diciendo ‘quedate'”.

Boullon, de 78 años y retirado hace cuatro, agradece haber formado parte del staff de Favaloro, de quien este miércoles se cumplen veinte años de su muerte. Después de escribir una carta al entonces presidente Fernando de la Rúa​, en la cual criticaba rigurosamente al servicio de salud, se pegó un tiro en el corazón. “No quiero hablar de su suicidio, pero René no daba más, era el rey de los honestos, aunque también algo inocente, lo cagaron por todos lados, en el final estaba rodeado de víboras y alguna lo iba a picar”.

“Era un distinto René y yo necesitaba aprender con alguien así, un fuera de serie en lo suyo, y un duro como persona, él vivía para el trabajo, era feliz en su ámbito y a su manera, con su estilo favaloriano. Yo era residente suyo y también su esclavo, un esclavo que quería serlo, pero trabajábamos doce, catorce horas y no dábamos más y al principio la paga era muy poca. Yo venía de trabajar en un hospital de Caleta Olivia​ con un sueldo de $9.000 de los años setenta, a ganar con Favaloro $140. Fueron dos años así, complicados, con 300 por ciento de inflación, pero elegí estar con él”.

Don Corleone le decíamos los residentes“, ríe el bahiense Boullon, autor del libro “El corazón en la mano”, editado en 2014, y en el que presenta al cirujano, al investigador, al maestro, al hombre comprometido con su sociedad, al luchador incansable, al visionario. “Era un capanga René, bien tano, las cosas se hacían a su manera y después demostraba que tenía razón. Nos manejaba como peones de ajedrez, él era el único gallo en el gallinero”.

Cree el cirujano cardiovascular que “ya no hay personalidades como la de Favaloro. Un tipo que se ponía a cantar tangos de Gardel, Piazzolla, Goyeneche en el medio de una cirugía. Especialmente los domingos, que estaba más relajado. O a veces nos daba recetas de cocina mientras operaba. Nos decía cómo preparar un guiso nutritivo de lentejas bien baratito”.

Para Boullon el legado que dejó “fue su sapiencia, su honestidad, la libertad que brindaba en el trabajo a pesar de su autoridad y, por supuesto, el bypass coronario, que sigue funcionando y salvando millones de vidas a más de 50 años de su desarrollo, Fue único René, pero no era fácil trabajar con él, había que tener piel dura para aguantar y gracias a Dios que pude hacerlo y advertir su genio. Para mi fue como un papá -veinte años de diferencia-, con los altibajos que un vínculo padre-hijo pueden tener”.

Salteño residente en Jujuy, René Boggione (63) sigue trabajando como cirujano y recuerda feliz los tiempos como residente. “Tenemos un grupo de whatsapp con varios colegas que estuvimos en la Fundación Favaloro y todos coincidimos que nunca más volvimos a sentirnos realizados como cuando estuvimos junto a René. Era jodido el doc, pero estabas al lado del número uno… Y yo pude ser uno de los privilegiados”, recuerda este médico que trabajó entre 1981 y 1987 junto al memorable cardiocirujano nacido en La Plata en 1923.

Se mata de risa Boggione cuando lo invaden algunas anécdotas de Favaloro, un hincha fanático de Gimnasia y Esgrima, el lobo platense. “Podés creer que durante cirugías complejas él mantenía la atención sin despeinarse pero a la vez nos hablaba con vehemencia a nosotros, sus colaboradores, de que Timoteo Griguol -técnico entre 1994 y 1999, tres veces subcampeón- se había equivocado en el planteo, se ponía loco, quería formarle el equipo. Qué pena que no haya podido disfrutar de algún título”.

René Favaloro y un mensaje a los jóvenes que no pierde vigencia al recordarlo

A punto de cumplir cuarenta años en la profesión, Boggione reconoce que “sigo aplicando, o intento hacerlo, el legado que me inculcó Favaloro: el paciente está por encima de todo, es lo más importante, brindarle soluciones, dedicación y contención. Él hacía todo por el paciente y una vez operado lo llamaba, lo visitaba unas diez veces, lo volvía loco, un grande. Además era un médico que desmitificaba la complejidad de la cirugía cardiovascular, y nunca dramatizaba, manejaba la psicología del enfermo como nadie y lo terminaba tranquilizando”.

En 1986, en un congreso mundial de cardiología, en Washington, Boggione, que se encontraba en Estados Unidos, asistió porque uno de los disertantes era René Favaloro. “Estuvo brillante, ya que ante una multitud de colegas de distintas partes del mundo, demostró contra lo que se decía, que el bypass seguía siendo una cirugía irremplazable”.

Terminó de exponer en inglés y “la ovación fue increíble, me movilizó mucho, sentía orgullo de ser argentino. Y quise acercarme para saludarlo y nunca pude llegar a él porque no paraba de firmar autógrafos a sus propios colegas. Nunca en mi vida vi algo igual, parecía una estrella de rock. Se trataba de un hecho sin precedentes y más en este ámbito de la medicina, donde reinan el ego y la competitividad”.

A 50 años de revolucionar la medicina, el bypass sigue salvando vidas

Convencido está Boggione que su vida sin esos seis años junto a Favaloro “hubiera sido muy distinta. Era un docente, un padre que aconsejaba a su manera, estricto, recto, siempre austero, nada ampuloso. Tenía un autito Dodge del año del ñaupa y él podía tener algo de más nivel, pero no le importaba. Tampoco dejaba pasar una… Un compañero se compró un velerito y decía ‘algunos que cazan el primer mango se compran un yate’ y otro que le gustaba empilchar le tiraba ‘miralo a éste, se visten en Pierre Cardesss -pronunciaba con ese-. Era bravísimo, lo sabía todo”.

El 29 de julio de 2000, a la tardecita, el cardiólogo Roberto Peidro estaba manejando rumbo a La Plata y tuvo que meter un volantazo “porque casi me hago bolsa”. Del otro lado del teléfono su hijo le informaba que Favaloro se había matado. “Tuve que ponerme a un costado de la autopista, frenar y esperar un rato para digerir lo indigerible. No lo podía creer, fue un mazazo, una de las peores noticias de mi vida“.

Peidro, que es el actual director de Ciencias del Deporte de la Fundación Favaloro, tuvo un vínculo laboral con René entre 1990 y 2000, “Yo había estado con él semanas antes, para su cumpleaños, en su propia oficina. Lo vi caído, estaba mal, pero nada me hacía imaginar que podía tomar la decisión que tomaría días después. Y recuerdo que él no quería mostrarse así y rápidamente cambió de tema y hablamos de fútbol, que le encantaba”.

Sin vacilar, para Peidro “fue un prócer de la medicina, un héroe, un ejemplo de profesional, un modelo como persona, el más argentino de los argentinos que podía haberse quedado en Estados Unidos, donde le llovían las ofertas millonarias, y se vino a su patria que tanto amaba. René fue una persona de valores morales y éticos que nunca más volví a ver en el mundo de la medicina. Pero él no los decía, sino que los llevaba a cabo”.

“Era muy serio, a veces calentón y puteador y cada tanto se sonreía, pero no era una persona de carcajada, pero tampoco un amargado“, describe Peidro. “Su mundo era su consultorio, el quirófano y Gimnasia. Era feliz con eso. Un dia lunes, 27 de junio de 1995 su secretaria me dice que apenas llegue lo vaya a ver urgente. Yo estaba cagado en las patas, ‘¿qué pasó, qué hice’, pensaba mientras iba a su oficina”, retrata Peidro.

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“Cuando llego lo veo con el seño fruncido, me saluda sin mirarme y saca una hoja en blanco y empieza a dibujar un rectángulo con circulitos, yo no entendía nada. ‘Mirá cómo armó el equipo el Viejo, lo formó mal, puso cuatro mediocampistas en lugar de tres, se equivocó en el armado, lo perdió él, ¿entendés?’. A mí me volvió el alma al cuerpo. Estaba re caliente con Timoteo Griguol al día siguiente de que a Gimnasia se le escapara el campeonato (había perdido de local con Independiente). Era un tipo así, venal, pero sano, lleno de bondad”.

Presidente del Colegio Argentino de Cirujanos Cardiovasculares, Javier Ferrari (58) sostiene que “allí se mantiene la impronta que inculcó Favaloro, él es el paradigma, el faro para quienes allí estudian. Tanto desde lo profesional, ya que como legados principales están el bypass que desarrolló y su ética, tan esencial en este rol. Y como persona fue intachable, tenía líneas de conducta dignas de mencionar”,

Ferrari tuvo algunos contactos con Favaloro pero no llegó a tratarlo, sin embargo “mi jefe Rogelio Ventimiglia lo ha conocido mucho y siempre me ha hablado del doctor como un referente de la honestidad, el respeto y la ética, hoy tan rezagados en nuestro ambiente, pero que en el colegio insistimos en transmitirles a los futuros cardiólogos. Como presidente no concibo que un médico carezca de ética”.

“Hoy se ha perdido la relación médico-paciente, algo por lo que Favaloro luchó mucho y se lamentaría en estos tiempos, porque él construía un vínculo con el paciente hasta que éste terminara de confiar en el profesional”, remarca Ferrari, quien cree que “hoy estaría muy bajoneado por la realidad que nos toca vivir, por la corrupción que nos rodea, algo que siempre le preocupó”.

Sin temor a las comparaciones, Ferrari afirma que “fue nuestro San Martín de la medicina, un valiente que dio su vida por la patria, un ícono, un ser intachable y dueño de una sencillez en un ámbito donde sólo parece haber tensión y complejidad. Pasaron veinte años de su muerte y su impronta sigue latiendo. Este país necesita urgente de más Favaloros, una raza en extinción”.

Fuente: Clarín

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